You are currently browsing the daily archive for Diciembre 8th, 2007.
Ofrecer flores
¡Vaya capítulo que he recordado de mi vida! Imagino que las fechas en que hacíamos esto era cercano al 12 de diciembre, ahora ya no lo recuerdo. Mi mamá nos mandaba a mi hermana Nidia y a mí a ofrecerle flores a la virgen. Nos vestíamos de blanco (ella como si fuera a hacer su primera comunión, con velo y todo), cogíamos unas flores y nos ibamos al santuario. Llegando entrábamos por una de las puertas laterales y recorríamos solemnes el pasillo central para depositar las flores en algún lugar.
Lo que se me hacía curioso, ahora que lo recuerdo a la distancia, es que regresábamos varias veces a donde estaban las flores y nos robábamos unas para hacer el recorrido nuevamente. Esto con la simpleza de un niño que quiere jugar a algo. ¿Tendríamos más pecados perdonados por haberle ofrecido flores a la virgen unas diez veces al día?
¡Nel!
Casi siempre las puertas principales del Santuario estaban cerradas. Para entrar a la iglesia debíamos entrar por los arcos laterales. Tras la puerta grande se recargaba el tapete de lujo (supuestamente) que tendían en el pasillo central para ocasiones especiales. Ahí se encontraba acodado Manuel, Nel como le llamaban todos. Un loquito moreno y menudito que vivía en el barrio del Santuario, tal vez por la calle de Manuel M. Diéguez.
A esa misa de la mañana, tal vez de un domingo, llegamos temprano Caco, Gary y yo. Como no había mucha gente y la misa todavía no empezaba nos atrincheramos tras el portón principal. A un lado estaba Nel, también esperando misa. No sabemos porqué, pero Nel empezó a reírse con mis primos, con esa risa apagada inútilmente que sólo tenemos en las iglesias. Reía Manuel, contestábamos nosotros. “¡Ya, cabrones, callense!” Ordenaba yo y todos volvíamos a la seriedad debida. Mirábamos a Nel. Imposible, Nel pelaba los dientes iniciando el pin pong de risitas que iban de allá para acá subiendo su intensidad. Tuvimos que salir para dejar que el cuerpo ejecutara las carcajadas que solicitaba. Ya no entramos a misa porque ahí nos estaría esperando Nel y sus dientotes.
