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Nunca salí de Zapotlán, de modo que toda mi carrera amorosa, por así decirlo, ocurrió ahí entre esas viejas calles. Hasta podría decirse que mis mujeres fueron a Zapotlán a ser amadas por mí. Cosa curiosa, jamás tuve una mujer de mi propio pueblo (aún así, las más queridas, las gemelas de nombre, fueron las únicas de Jalisco).
Juan José Arreola, amoroso con todas las mujeres, lo sabemos, decía que su novia eterna era Zapotlán. Yo no sentí esa separación necesaria para llegar a amar así a mi pueblo. Por el contrario era yo y mi pueblo tan unidos que bien puedo decir: “yo no amo a Zapotlán, amo con él”. De modo que recorrer de la mano de la amante las calles de mi ciudad era decir:
te quiero con esa iglesia de los 2 mil muertos;
te quiero con esta calle que se pierde allá abajo en el terreno;
mis caricias son el frío que sientes con el viento;
soy tuyo cuando comes el fruto oscuro bajo el cielo,
entro en ti, en lo que miras un poco lento
y te amo con la gente, con mis muertos,
con todas las cruces y las aguas y las plantas y el lado seco;
no te amo yo con mi corazoncito pequeño,
te amo con Zapotlán entero,
su círculo de montañas y su azul cayendo.
Somos una familia que sabe que no es necesario decir “te quiero” para saber el cariño que nos tenemos. Al contrario, las malas palabras con las que nos dirigimos unos a otros, llevan toda la carga de “te quieros” que podemos manifestarnos. “Nangas, pendejas”, de mi tía para sus hijas; “pinche Argelia”, a mi hermana. ¿Latigazos sadomasoquistamente fonéticos? No lo creo, antes bien, cariños enmascarados. Aún así la máxima manifestación de cariño que se nos da en estas tierras friolentas, es cuando alguno de nosotros toma la siesta vespertina y se encuentra a disposición de los vientos. Es entonces que otro llega y en el anonimato del sueño ajeno, cubre con una cobija a aquel que empieza a pasar fríos innecesariamente. El significado: “Duerme indefenso, goza de tus sueños y tu estadía en mi casa, que yo aquí te protejo mientras voy cubriendo tu cuerpo con esta, mi cobija favorita”.
