Somos una familia que sabe que no es necesario decir “te quiero” para saber el cariño que nos tenemos. Al contrario, las malas palabras con las que nos dirigimos unos a otros, llevan toda la carga de “te quieros” que podemos manifestarnos. “Nangas, pendejas”, de mi tía para sus hijas; “pinche Argelia”, a mi hermana. ¿Latigazos sadomasoquistamente fonéticos? No lo creo, antes bien, cariños enmascarados. Aún así la máxima manifestación de cariño que se nos da en estas tierras friolentas, es cuando alguno de nosotros toma la siesta vespertina y se encuentra a disposición de los vientos. Es entonces que otro llega y en el anonimato del sueño ajeno, cubre con una cobija a aquel que empieza a pasar fríos innecesariamente. El significado: “Duerme indefenso, goza de tus sueños y tu estadía en mi casa, que yo aquí te protejo mientras voy cubriendo tu cuerpo con esta, mi cobija favorita”.