Acá, donde trabajo, en la UPN, Colima, me invitaron a participar en un tallercito de literatura pidiéndome una carta a un normalista. Inmediatamente tuve la idea de recordar los tiempos que viví en la Anexa a la Normal, en plenos años 70s, explosión de constantes huelgas y fiestas juveniles. Aquí la carta.
Villa de Álvarez, Colima, a 24 de abril de 2008
Estimado Pablo:
Tal vez no me conozcas y te muestres sorprendido al recibir esta carta. Creo necesario contar algunas cosas que te lleven a recordar quién soy yo, puesto que seguro es que ni siquiera reparabas en los niños que te veíamos asombrados hacer las cosas que tú y tus compañeros hacían a lo largo de la escuela y más allá, en el pueblo entero.
¿Recuerdas las tomas de camiones que hacían en las calles de la ciudad? Yo estaba ahí, a un costado mirándote. Veía cómo detenían el camión y, amablemente, pedían a chofer entregara la unidad. Se dirigían a la gente explicando sus acciones y, además, algunos de ustedes llevaban a tal grado la amabilidad que portaban las maletas de los viajeros hasta la puerta de su casa. Claro que elegían los camiones que llegaban a destino y no aquellos que apenas partían.
Llegué a verte cómo manejabas el camión para meterlo a la Normal y, si sus peticiones no eran escuchadas, prenderle fuego. No sé porqué me tocó ver uno de esos autobuses arder en la noche (se supone que yo iba a la primaria en la mañana, de modo que ir en la noche resultaba algo ilógico), pero era un espectáculo que emocionaba en aquellos tiempos de revuelta.
Sólo una fecha yo me llenaba de terror, el día del estudiante, en que te veía agarrar a los recién inscritos para darles su “bienvenida” y llenarlos de pintura o bañarlos en petróleo. Temía que por mi estatura me confundieran con alguno de ellos y también me hicieran uno de esos recibimientos. Afortunadamente ese día pasaba pronto y ya luego se volvía a la normalidad, que en su caso era la constante huelga en la Normal.
Pablo, yo era uno de esos alumnos a los que tú fuiste a dar clase a lo largo de una semana. Nuestra escuela era algo así como experimental y estábamos acostumbrados a tener muchos maestros a lo largo del año escolar. En ocasiones hasta tuvimos siete maestros distintos en una semana, ¿qué sucedería en nuestra capacidad de aprendizaje con esos cambios tan repentinos?
Pablo, yo soy uno de aquellos niños que te vieron hacer todas esas acciones que no calificaré de buenas o malas. Aquí lo que importa es hacerte saber que si una repercusión tuvieron fue en mis ánimos, donde se quedaron marcadas para siempre. Yo fui tu alumno; yo fui tu espectador; yo soy, todavía, un entrañable admirador tuyo.
Guillermo Ochoa-Rodrigues

1 comment
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Mayo 11, 2008 a 12:47 pm
Francisco Ramirez Diaz
Hola Guillermo ademas de saliudarte me resta decir, que buenas memorias escribes siento que me trasporta a esa epoca vivida,