En sus últimos días de vida mi tío Benjamín (epiléptico, murió de cáncer), quien vivía en un rancho, cayó y se rompió el dedo gordo del pie derecho. Como usaba huaraches se veía claramente que dicho dedo apuntaba hacia afuera del pie y no hacia adelante como todos los otros dedos. Así murió, con ese dedo chueco, jamás se le ocurrió ir al doctor para que le “rectificara” el hueso roto de ese dedo. Claro, era hombre y era Rodríguez y no se iba a andar con “lefiadas”.
¿Qué es ser “lefio”? ¿Por qué se evita como la lepra llegar a ser lefio? Lefio es sucumbir a las “primeras de cambio”, cuando los problemas o el dolor se hacen presentes. Una de las formas de la cobardía, pues. Además ser lefio es aquel que se queja de pequeñeces: a la comida le ha caído una mosca que es rápidamente retirada y, aún así, el lefio no la quiere ya probar; “¡ay! no tengo nada qué ponerme”, al lefio le importa su imagen; etc. Entre el dolor y el hedonismo el lefio despliega sus quejas. El que no es lefio demuestra su hombría (aunque se trate de mujeres, las cuales también deben demostrar ser valientes). El que no es lefio aguanta, no se queja (sea por dolor, sea por alguna incomodidad).
Años después sabría lo que es ser estoico y creo que, de alguna manera, es lo mismo. Los hombres y las mujeres del Sur somos estoicos y soportamos dolores sin quejarnos, pero creo que también eso es un problema, ¿hasta dónde puede llegar tu supuesta fortaleza? ¿Hasta el grado de ya no encontrar retorno a tu malestar?
