Nota: el siguiente escrito fue hecho para acompañar unas fotos que ya he perdido. Creo, aun así, que tiene cierta validez y lo dejo aquí.
El teatro como recurso didáctico o, más específicamente, como evangelizador, fue muy empleado en la América Hispánica. Especialmente en México fue este medio el que dio excelentes resultados para la iglesia católica. Las pastorelas son su producto más querido por el propio pueblo que las representa y a las que todavía recurre. Por otro lado las procesiones anuales conocidas como “andas” o carros alegóricos (básicamente tarimas cargadas por feligreses con santos o personas representándolos, arriba) son una representación degenerativa del teatro que conocemos: los actores permanecen inmóviles, el escenario es móvil y el guión ha sido anulado. ¿Una representación “pictórica” tridimensional? Tampoco lo creo. De cualquier forma se asiste a una degeneración de las artes visuales y temporales (no menciono aquí la fuerte carga de dominio social encarnado en estas representaciones: los ricos son los que interpretan los cómodos personajes bíblicos que son transportados en tarimas jaladas por tractores, mientras que el pueblo suda, baila y se cansa alrededor de estos vehículos, movidos tan sólo por la fuerza de su creencia). Sea como fuere presenciamos al arte como el medio más efectivo para enaltecer y continuar con la fe.
Los viacrusis recurren también al teatro para manifestarse en su mejor forma. El escenario es ahora las calles del pueblo o barrio que recorren los piadosos actores. Las representaciones de la pasión de Cristo se lleva a cabo en muchas ciudades de la república. Estas fotos fueron tomadas en la calle Humbolt, en Ciudad Guzmán. La precesión terminaría a los pies de la Cruz Blanca en la montaña Oriente. Aunque otros viacrusis se desarrollaban en otros barrios guzmanenses, cada uno tiene tanta presencia de feligreses como la que se puede apreciar aquí.
