Desde siempre se ha reconocido como auténtica toda escritura que parte de la sinceridad del escritor consigo mismo. Echar un ojo y buscar ser sinceros nos ha de llevar siempre a profundizar en nuestro propio ser. ¿Qué hay en el fondo de mi pozo? Cuando logro cristalizar las aguas quietas y me miro en ellas, siempre aparece el ahora viejo Zapotlán que me tocó vivir en la infancia.

La escritura y su tiempo. Este juego de reflejos en la oscuridad quiere en ocasiones dejarse ver en forma de escritura que requiere tiempo para crear su propio cuerpo (que quisiera ser bello). El primer obstáculo ha sido el mayor, la falta de tiempo, la inversión elemental, no puede darse en estos días en los que lo cotidiano gana terreno. Algo debo hacer y es entonces que recurro al ingenio del que ya otros disfrutaron.
Si no he de lograr el bello cuerpo que una buena y serena inversión temporal exige, he de invertirlo y crear el monstruo de Frankenstein formado de retazos, pero con lo suficiente para que tengan vida.

He aquí pues que he de escribir en una hoja (o menos) aquello que ha rondado en mi mente y que ahora devuelvo como pagando la deuda que he obtenido con mi pueblo y su gente. Es una lástima que no pueda extenderme, pero de otra forma jamás lograré obtener la materialidad de aquello que quiero.

Villa de Álvarez, 25 de agosto 2006